Villarrobledo, 20 de septiembre de 1836
Don Diego de León
El 20 de septiembre de 1836, en la llanura de Villarrobledo —Ciudad Real— las tropas carlistas del general Gómez, en su alucinante marcha a lo largo y ancho del territorio enemigo, a centenares de kilómetros de sus bases, se vieron sorprendidas por las tropas del general liberal Alaix. El jefe de su caballería era un joven e impetuoso militar cordobés, el brigadier don Diego de León, que pronto sería conocido como «la primera lanza de la reina» y que no dudó en cargar al frente de sus escuadrones antes de que la infantería carlista pudiese formar en cuadro. En la violenta acometida, desafiando al peligro y a la muerte, destacó un escuadrón que carecía de tradición y renombre, los Húsares de la Princesa, que obtendrían con su hazaña la laureada de San Fernando, la segunda de la tres que adornarían en sólo unos años su estandarte.
Nace un Regimiento de Escolta
A principios de 1833, el 6 de marzo, la caballería española se reforzó con un nuevo regimiento: los Húsares de la Princesa María Isabel Luisa, nombre recibido en honor de la heredera del trono y futura reina Isabel II. Fue la primera unidad de este Instituto que se formaba en España después de la supresión en 1820 de los cuatro regimientos existentes: Españoles, Guadalajara, Bailén e Iberia, que habían sobrevivido a la reforma de 1815.
El nuevo regimiento debía de haber sido el número 4 de los de Línea, si bien se prefirió que formase un aparte y sin número. En principio el nacimiento del regimiento tuvo un motivo poco militar, pues lo que se buscaba era un elegante regimiento de parada, brillantemente uniformado, que diese escolta a la heredera del trono. Incluso el uniforme fue elegido por la reina madre, doña María Cristina, en su color favorito, el azul celeste claro, llamado a partir de entonces "azul cristina". Su primer uniforme lo recibieron poco antes de pasar su primera revista y era de clara inspiración francesa. Consistía en un chaco como el de la caballería ligera, pero forrado de paño blanco con un espectacular llorón de cerda y refuerzos de baqueta negra con cinta superior de estambre y presilla, la cifra María Isabel Luisa y cadenilla de metal. El dolmán y el pantalón eran de color azul celeste, con cuello y vuelta blancos la pelliza blanca con forro y pieles negras, el schabrak y la maleta de paño azul celeste con galón blanco, los trencillajes del dolmán y la pelliza de igual color, al igual que las forrajeras. Esta combinación de colores que daba una espectacular y elegante imagen, la mantuvo el regimiento en sus uniformes de gala, hasta su disolución en 1931.

Tropas de Escolta
Un húsar de la Princesa con el uniforme de 1833, el mismo que usaron en la legendaria carga de Villarrobledo.
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A pesar de su origen, como bien dice Giménez y González y han señalado otros muchos historiadores, no hubo combate o batalla en la guerra en la que los Húsares de la Princesa no destacaran o se cubrieran de gloria.
Fueron los primeros en desenvainar sus espadas en defensa de la reina niña, cuyo título y nombre ostentaban, a la muerte del rey Fernando en 1833, y los últimos en envainarlas en la las cumbres de Berga, en las montañas de Cataluña, en la última guarida de sus enemigos, en el verano de 1840.
Durante el conflicto se cubrieron de gloria como jamás le había sucedido, en tan corto espacio de tiempo,a ningún regimiento de la caballería española, despertando celos y envidias que llevaron a su disolución tras el cambio político de 1843, para renacer en la segunda mitad de la década siguiente, justo a tiempo para cubrirse otra vez de gloria en la Guerra de África (1859-60), sin que desde entonces librase España guerra alguna en la que no destacara su valor y pundonor.
Pocos pensaban en 1833 que en unos pocos años este regimiento de escolta llegó a obtener en combate tres corbatas para su estandarte de la Real y Militar Orden de San Fernando, la primera por su heroico comportamiento en la toma de Orduña (1836), la segunda por la impetuosa carga dirigida por su coronel, don Diego de León, en Villarrobledo (1836) la tercera, por la conquista de Peñacerrada (1838).
Tras esta briosa acción, muy publicitada por la propaganda liberal de la época, Diego de León, prototipo del héroe romántico, de temperamento audaz y valeroso, fue considerado uno de los principales líderes del bando cristino, hasta tal punto que llegó a ser considerado «la primera lanza de la reina» y más adelante fue ennoblecido con el título de conde de Belascoaín.
Diego de León, coronel del Regimiento de Húsares de la Princesa, con su uniforme personal realizado durante la etapa en la que sus hombres vistieron con casaquillas rojas y que llevaría durante el resto de la campaña (1838).
Como cubrecabezas, se hizo confeccionar en Londres un chapska igual al de los lanceros británicos. Ambas prendas, pelliza y chapska, se conservan en el Museo del Ejército de Madrid.

Jinetes de leyenda
Nadie podía imaginar que sólo siete años los Húsares de la Princesa, a pesar de su aspectode soldaditos de juguete, iban a lograr tres laureadas, la máxima distinción militar española, por su comportamiento ante el enemigo en el campo de batalla. Aquí les vemos en la ilustración de Villegas para la obra del conde de Clonard. Usan el uniforme de 1833 en todo su esplendor, sin las fundas de hule negras para los chacos.
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Un regimiento nacido para lucirse
Representación de un húsar de la Princesa en la obra de Giménez y González El Ejército y la Armada. Como bien dice el ilustre militar:
«El lujoso traje de este cuerpo correspondía al objeto de su creación; que fue el de conmemorar la jura de la entonces Princesa heredera del trono español; pero la envidiable reputación que pocos años después supieron conquistarse los Húsares de aquel nombre, forma una de las más brillantes páginas de la historia».
En la ilustración, el húsar, a la derecha, está acompañado de un jinete de los regimientos ligeros de la caballería.
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Obsérvese que el trompeta vista pantalones grancé —rojos— frente a los azules de la ilustración de Villegas que he representado más arriba. La verdad es que por tradición y costumbre debía de haber llevado los colores del regimiento trocados —al estilo francés. pero en la norma se estableció un sistema mixto con el tradicional español, ya que desde principios del siglo XIX se uniformaba a los trompetas de rojo.
Esta pieza es una transformación de Blas Cueva, realizada sobre una miniatura de la marca italiana Pegaso Models (Art 54-519), modelada por Victor Konnov.