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Referencia LIB 002 / AP

Granadero, 1836

Los estados militares de 1830 en adelante describen un uniforme de infantería, tanto de línea como ligera, único que era el que estaba en uso al comenzar la insurrección carlista en 1833 y que formalmente no cambió hasta terminada la guerra, aunque sufrió todo tipo de alteraciones para adaptarlo a las condiciones producidas por la guerra. El uniforme de la infantería de línea, regulado aparentemente en 1829, constaba de casaca azul turquí sin solapas; cuello, portezuela de la manga y vivos, blancos, sobrepuesto en el cuello azul turquí, carteras a la walona, botón dorado plano, con un solo filete en el canto y en el centro, el número del regimiento. El pantalón era ancho, de paño gris celeste con medios botines negros, existiendo para verano otro de lienzo blanco también con medios botines.


Los granaderos y los cazadores empleaban charreteras de estambre en rojo y verde respectivamente, en tanto los fusileros tenían caponas con ribete amarillo. Las cartucheras también tenían diferencias pues tenían granadas, flores de lis o cornetas, siempre de latón. Para todos fueron comunes los guantes eran de ante amarillo y los corbatines de suela negra.


Durante la década anterior había habido ligeros cambios, pues si bien la infantería de línea vistió siempre casacas de paño azul turquí, la divisa fue grana entre 1820 y 1823, azul turquí o color fuego entre 1824 y 1827 y desde 1829 blanca en los cuellos, vivos, bocamangas y barras.


El uniforme de la infantería de línea permaneció invariable durante toda la guerra, pero para las necesidades motivadas por la dura climatología del centro y norte de España en invierno, se entregaron a los soldados unos capotes grises cuyos faldones se recogían en las marchas y el combate. También era frecuente el uso del gorro cuartelero, mucho más cómodo que el pesado y alto chaco de la época y que fue siendo cada vez más empleado durante la contienda, hasta el punto de que se convirtió en uno de los elementos de identidad del ejército gubernamental, llegando a conocerse como gorro isabelino, en cierto modo como oposición a la boina carlista.

En cuanto al chaco, se llevaba en estos casos encima de la mochila cubierto por una funda negra de hule.

Infantería de Línea en 1830. El incómodo y poco práctico equipo fue reemplazado durante la guerra por otro más apto para la campaña.