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Referencia CAR 010 / AP

Voluntario carlista del Norte, 1833

El equipo de invierno de las tropas carlistas de los primeros tiempos era básicamente privado, si bien de forma progresiva se fue consolidando un sistema de intendencia, muy rudimentario al principio, que fue uniformando y equipando lentamente al Ejército Carlista del Norte, que adoleció siempre de reglamentos oficiales a los que acogerse en el diseño y estilo y que nunca consiguió equipar a todas las fuerzas combatientes. La ropa, que se desgastaba con facilidad, era normalmente repuesta con partidas de ocasión, con ropa civil, con material capturado al enemigo o incluso con prendas confeccionadas en los pueblos y villas ocupados, por lo que era muy variada. Ante la escasez de paño azul o gris, que eran los preferidos, se optaba con frecuencia por el marrón en tonalidades pardas, que fue al igual que durante la Guerra de Independencia (1808-1814) un color bastante frecuente, aunque en realidad sólo el Cuerpo de Aduaneros, especie de unidad paramilitar que dependía de las juntas y jefes de la hacienda civil, iba uniformado en ese color.


Nuestro voluntario es un perfecto ejemplo de que cada unidad se equipaba como podía, si bien tiene las principales señas de identidad propias del soldado carlista, el morral, la cartuchera ventral y la boina. Por lo demás esta correctamente armado, con un fusil español de infantería de línea modelo 1828, con su bayoneta, arma excelente y muy eficaz que era enormemente apreciada por ambos bandos y considerada de mejor calidad que sus homólogas británicas y francesas.


Los primeros voluntarios alistados en los valles de Guipúzcoa y Vizcaya en los meses finales de 1833 y comienzos de 1834 carecían de uniforme, pero debido a que procedían de zonas con una cultura y forma de vida común, el aspecto que presentaban era muy similar ya que se basaba en la indumentaria civil vasca de aquel tiempo, por lo que los pantalones eran generalmente blancos en verano y marrones o grises en invierno. La faja era de uso general y normalmente era de color rojo o azul, en tanto que la boina fue en principio de color azul, que era el que deseaba Zumalacárregui para su infantería, pero que a la postre, por razones de toda índole, no acabó de imponerse totalmente, hasta el punto que todavía hoy la boina roja sigue siendo el símbolo de los carlistas. La elección de la boina fue una buena decisión, pues aunque no era aún una prenda común en el País Vasco y Navarra, zonas en las que don Carlos encontró fuerte apoyo y en las que pronto pudo organizarse un auténtico ejército, podía permitir una rápida identificación de sus tropas. La boina, de oscuros y antiquísimos orígenes, era una prenda que apenas se empleó hasta la década anterior, pues durante el primer decenio del siglo XIX era sólo habitual en el País Vasco francés.

El ejército carlista tardó mucho en presentar la imagen de la ilustración. En los primeros meses de la guerra, los voluntarios se equipaban como podían.