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Oficial de los Cosacos del Tajo, 1837

Las partidas manchegas, fueron muy numerosas y llegaron a constituir un serio problema para el gobierno, si bien nunca una amenaza militar, no sólo por el permanente estado de desunión y desorganización en que se encontraban, sino porque en cierto modo el carlismo manchego acabó confundiéndose con el bandolerismo endémico en la región, siendo difícil distinguir a los guerrilleros de los bandidos, tal vez, porque en el fondo eran lo mismo. Nuestra miniatura representa a uno de los jefes guerrilleros que se unieron a la Expedición Real y que llamó de inmediato la atención de algunos voluntarios legitimistas extranjeros, pues parecían la quintaesencia del bandolero español tan de moda en aquél entonces en Europa romántica.


El príncipe Felix von Lichnowsky, siempre atento y observador, dejó una perfecta descripción de uno de ellos:


«Sombrero alto y puntiagudo de terciopelo negro adornado con infinidad de botones, medallas y madroños y con una pluma negra; usaban grandes patillas; chaquetilla corta con cinco hileras de pesetas de plata, cinturón ancho con cartuchera para veinte cartuchos, un puñal y cuatro pistolas, dos en el cinto y otras dos en el bolsillo del pantalón; pantalón corto de terciopelo negro y polainas de cuero marrón; usaban grandes espuelas y un ancho sable pendiente de la cintura. En el arzón delantero llevaban otras dos pistolas más grandes y uno o dos trabucos».


Como puede deducirse de la descripción del noble prusiano, cada combatiente de las partidas guerrilleras iba cargado de armas hasta las cejas, lo cual no les garantizaba su supervivencia en un combate a tradicional a campo abierto frente a los lanceros del gobierno, por lo que trataban de evitar desesperadamente este tipo de encuentros. Algunos voluntarios se unieron a las grandes expediciones carlistas que atravesaron el centro de la península, agrupándose en unidades como los Cazadores del Tajo o con nombres pintorescos como los «Cosacos del Tajo».

Un capitán de las partidas de La Mancha en la soberbia interpretación de Luis Leza para al obra «La Primera Guerra Carlista» de Carlos Canales.

Referencia CAR 007 / AC