Guías de Aragón, 1837
Lo mejor del ejército de Aragón se concentró en un batallón de Guías de 800 plazas, que haciendo honor a su consideración de tropa selecta se batió siempre con valor y arrojo, distinguiéndose notablemente en el campo de batalla, aún a costa de unas pérdidas terribles. Por esta causa, a pesar de tratarse de una unidad de preferencia fue escaso el combate en el que participaron.
Se les intentó equipar en consonancia a su valor, pero nunca se logró. Con una partida de tela ocasional se les confeccionaron unas chaquetillas azul celeste, color infrecuente en el bando carlista, con vivos encarnados.
El resto del uniforme nunca lo recibieron y en el caso de los pantalones ni siquiera les dieron los clásicos blancos de verano; tenían, eso sí, capotes grises del tipo común con vivos rojos, que el soldado de la ilustración lleva en torno a su cuerpo doblado y unos curiosos tirantes para sujetar la canana que parece ser que eran de uso general y no un mero capricho o variante personal.
Cuando usaban boina, era siempre de color azul como ocurría con el resto de las tropas aragonesas, porque en realidad fueron muy frecuentes los sombreros de ala ancha o los apuntados y, al igual que ocurría con las tropas liberales de las guerrillas de martín Zurbano, también se emplearon con profusión los gorros de punto.
Así como el uniforme nunca estuvo completo, el armamento con el que se equipó a la unidad fue el mejor disponible, estando constituido casi en su totalidad por fusiles españoles de los modelos de 1828 y 1836, ambos de chispa y que estaban entre los mejores del mundo, comparables a los de cualquier ejército europeo de la época.
Fuentes de Mora —Teruel—. Cabrera logró que una gran cantidad de jóvenes se unieran a sus tropas. Muchos lo hicieron para evitar ser reclutados y enviados al norte, pero también por convicción, pues el ratio de deserción entre sus tropas fue mínimo.
Referencia CAR 004 / AP