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Referencia CAR 001 / AP

General Carlista, 1836

Zumalacárregui fue el auténtico creador del ejército carlista, pues cuando alcanzó el mando, éste apenas si contaba con unas pocas decenas de voluntarios mal armados, a los que de un modo casi increíble, transformó en el plazo récord de menos de un año en un auténtico ejército capaz de medirse con una fuerza regular en campo abierto. También fue, como ya se ha dicho, quien decidió la adopción de los tres elementos básicos de la indumentaria carlista, el saco-morral, la boina y la canana con los cartuchos. Charles Frederick Hennigsen, que combatió junto a él, dice que el general carlista usaba a diario una boina roja con borla de plata, spencer negro de piel de carnero merino ribeteado en rojo —con forro blanco—, broches dorados y pantalones rojos galoneados en oro, imagen que es la que hemos reconstruido para nuestras figuras.


Este uniforme era muy similar al que de manera general usaron los altos jefes del Ejército del Norte. Hay una litografía de Iturralde en color en la obra del mayor Vanzeller que representa a Zumalacárregui junto a don Carlos —ver arriba—. En ella, aparece el general con el uniforme de campaña, llevando su spencer de piel encima de la casaca azul de largos faldones y con pantalones rojos con el refuerzo de cuero típico de los jinetes. Finalmente, existe una representación de Zumalacárregui del pintor catalán Cusachs, en la que viste uniforme de gala azul con pantalón blanco y su típica boina roja, pero con borla dorada.


En cuanto a los oficiales se intentó que usasen levitas de anchos faldones con dos hileras de botones muy similares a las que el ejército liberal adoptó durante el conflicto. Aunque nominalmente tenían charreteras y galones en las bocamangas los fueron perdiendo a lo largo de la guerra y al final sólo los flecos de las boinas —dorados o plateados— servían como divisa de mando. Las cazadoras negras o pardas de piel de carnero o de lobo —denominadas habitualmente spencer— fueron muy populares entre los jefes y oficiales cuando podían conseguirlas. Eran prácticas, cálidas y muy cómodas, por lo que lograron una amplia aceptación y se usaban encima de las levitas de campaña.


Zumalacárregui representado junto al rey don Carlos en 1835. El gran general guipuzcoano viste el que se iba a convertir en el típico uniforme de los altos mandos carlistas: casaca azul, pantalón y boina rojos y spencer de piel.